Carles Cano. Valencia 1957. Licenciado en Filología Valenciana. Durante más de 20 años trabajó como profesor de lengua y literatura. Actualmente vive del Cuento. Autor de Literatura Infantil y Juvenil, con más de 50 libros publicados en diversas lenguas. Ha trabajado como guionista de radio, televisión, y cómics, así como autor teatral y cuentacuentos.
Como narrador oral ha participado en diversos festivales internacionales como el Maratón de Guadalajara, el festival internacional de los Silos (Tenerife), Un Madrid de Cuentos, “En Veu alta” (Vilafranca del Penedés), o en los festivals de narradores en lengua Catalana de Pont de Suert (Lleida) o Torredembarra (Tarragona) entre otros. También ha contado por todo el territorio español y ha actuado varias veces en Marruecos, Guinea Ecuatorial, Francia y el Reino Unido.
Ha recibido diversos premios entre ellos el “Premio Lazarillo” en 1994 por “Te pillé Caperucita” (ed. Bruño), el Premio “Samaruc” de los bibliotecarios valencianos en 1996, y el premio “Hospital Sant Joan de Déu” de 2008 por “Per un botó”. Ha sido seleccionado en la lista de honor de la C.C.I en los años 1995 y 1998 y su obra ‘¿En qué se diferencian el blanco y el negro?’ (Aura Comunicación) y “Te pillé Caperucita” (Bruño) fueron seleccionadas para los “White Raven” por la Jugend Bibliothek de Múnich en 1996.
Entrevista a Carles Cano
Boolino. Revista digital, 17 de diciembre de 2012En tu autobiografía dices que has trabajado de “carpintero, tallista, camarero, profesor de baile, locutor y guionista de radio y televisión, cuentacuentos y profesor de Instituto”. ¿Qué más te gustaría hacer?
Me gustan especialmente las cosas nuevas y me encantaría saber pintar, o dibujar o tocar algún instrumento musical, pero para todo eso debería emplear mucho tiempo y creo que eso se quedará para otra vida. Lo que sí estoy haciendo es aprender inglés y practico de tanto en tanto mi italiano macarrónico.
¿Qué te lanzó al mundo de la literatura infantil y juvenil?
Una apuesta. Aposté con un amigo a que era capaz de escribir 10 páginas para presentarlas a un concurso de cuentos. Gané la apuesta, el concurso, por supuesto que no, daban un suculento premio y era lo primero que escribía, pero se lo enseñé a mis amigos a los que les pareció muy bien mi texto y me animaron a seguir escribiendo. Y aquí sigo, apostando contra mí mismo a ver si soy capaz de escribir siempre otra cosa más.
¿Recuerdas algún libro que marcase tu infancia?
Los de Julio Verne de la colección Bruguera, especialmente 20.000 leguas de viaje submarino, La Isla Misteriosa y Viaje al centro de la Tierra.
De todo lo que has realizado hasta ahora, ¿qué es lo que más te llena?
Uf, ¡qué difícil escoger! Me divertí mucho haciendo un programa de radio en Radio Nou, El Cascanueces. Era un programa infantil muy juerguista que tenía más audiencia adulta que infantil, en el cual hacía de locutor y guionista. Pero también disfruto mucho explicando cuentos y cuando los chavales me explican lo bien que se lo han pasado leyendo algún libro mío, tengo que contener la respiración para poder pasar por las puertas.
En 1994 obtuviste el Premio Lazarillo de creación literaria por Te pillé Caperucita. ¿Qué tiene este libro que no tengan los otros?
Es de esos libros que nacen con estrella, era la primera vez que el premio Lazarillo se abría a otros géneros que no fueran solamente la narrativa y creo que ganó por unanimidad. Me parece que estaba en estado de gracia cuando lo escribí, lleva 20 ediciones en castellano y 12 en valenciano, unos 75.000 libros vendidos, que para una obra de teatro está muy bien. Además, como no tiene grandes complicaciones técnicas y hay un montón de personajes, es una de las obras más representadas en colegios de toda España y los profesores y los chicos siempre me agradecen lo divertido que ha sido montarla. En estos momentos una compañía brasileña la está representando en Sao Paulo. Y se ha representado también en Londres y en Bruselas por compañías de teatro infantil.
Cuéntanos un poco más, ¿cómo es tu proceso creativo? O tus objetivos antes de iniciar una actividad de cuentacuentos.
Vaya, eso da para una tesis doctoral, pero os diré que mi proceso creativo a veces parte de una idea, eso siempre es lo más difícil, tener una buena idea: potente, original o divertida. A veces se me ocurren yendo por la calle, en el momento en que estoy entrando en el territorio de los sueños o viendo una película o leyendo. Otras veces la cosa parte de un encargo: “Tienes que hacer un cuento para niños de 6 a 8 años en el que aparezca algún personaje clásico”. Pero muchas veces me siento delante del ordenador a ver qué sale.
Mis objetivos a la hora de explicar cuentos son divertir, hacer pensar, hacer que el tiempo se detenga, conseguir meter en la historia a los oyentes, sean adultos o niños y que me acompañen durante una hora por el territorio de había una vez… donde cualquier cosa puede suceder.
¿Qué les recomiendas a los padres que quieren que sus hijos sean buenos lectores?
Primero que les canten y les cuenten a la hora de dormir, que les acompañen al mundo inquietante de los sueños con historias maravillosas, después que les lean y que ellos lean también. Si un niño ve que su padre y su madre leen, que se divierten, que se lo pasan bien, probablemente también ellos querrán leer.
¿Crees que son compatibles las diferentes opciones de lectura? ¿O crees que en diez años el papel se extinguirá?
Por supuesto que son compatibles, ya leemos todos mucho en pantallas. Y no, no creo que en 10 años se extinga el papel, todavía hay muchas sensaciones que tiene el papel y no tiene la pantalla: el olor, la textura, el peso, la presencia física del libro… todo eso no puede suplirlo la pantalla. El libro no es solo contenido, también continente, forma.
¿Nos recomiendas algunos libros para despertar en los pequeños el amor por la lectura?
Hay tal cantidad de buenos libros que es difícil escoger pero bueno, ahí van algunos de mis favoritos: Donde viven los monstruos de Maurice Sendak, Frederick de Leo Lionni, Rodolfo y la Bestia Monstruosa de Tony Ross, El pirata que quiso capturar la luna, Sapo y Sepo de Arnold Lobel, Mermelada de anchoas de Carmen Santonja, Cuando de noche llaman a la puerta de Xabier Ponte Docampo, ¡Más música maestro! de Miquel Desclot, Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll, Todo Roald Dahl, especialmente Cuentos en verso para niños perversos, La verdadera Historia de la princesa y el dragón de J. L. Alonso de Santos, todo Rodari, para los más grandecitos cualquiera de Juan Manuel Gisbert y, por supuesto, los clásicos: Grimm, Perrault, Los Cuentos a la orilla del fuego de Antonio Rodriguez Almodóvar, Las Rondallas Valencianas d’Enric Valor…
Festival Internacional del Cuento de Los Silos, Tenerife
Mnemósyne, diciembre de 2011No es la primera vez que acude a Los Silos, al Festival Internacional del Cuento. ¿Qué le atrae de esta cita?
Muchas cosas, aparte de los encantos de la isla y de la amabilidad de sus organizadores (qué bien empiezo) me gusta mucho el contacto con otros narradores, algunos amigos o conocidos, otros totalmente nuevos; escuchar sus historias, aprender cosas nuevas… También contar en un lapso pequeño de tiempo para públicos muy diferentes.
¿Cree que la cultura y la literatura en España están necesitadas de más encuentros de este tipo?
Decididamente sí, la literatura oral, aparte de sus valores intrínsecos como desarrollar la empatía, la imaginación, enseñar a escuchar, crear maravillosos lazos intergeneracionales, ayudar a crecer, etc, etc. Crea puentes, abre puertas, sobre todo para los más pequeños, hacia la lectura, hacia la literatura escrita. Fíjate si eso es importante.
¿Considera que se podría llevar al sistema educativo reglado este concepto de animación a la lectura que motivó su creación hace 17 años?
Por supuesto, en las clases hacen falta muchos cuentos, por las razones que he expuesto más arriba y porque desarrollan una corriente de afecto entre los maestros y los alumnos que ninguna otra cosa genera. Y el afecto, como se ha venido demostrando en los últimos años, es una de las cosas más importantes y a tener en cuenta en los procesos de aprendizaje.
Ha hecho de su vida “un cuento”: ha sido carpintero, profesor de baile y de instituto, locutor y guionista de radio y televisión y, desde luego, narrador oral. ¿Qué porcentaje de sus textos se nutren de estas experiencias vitales?
Todo se aprovecha, como decía Pere Calders, uno de mis cuentistas favoritos. Un escritor es una especie de vampiro que aprovecha cualquier experiencia para reflejarla en sus escritos. En este sentido, claro que me he nutrido de mi peripecia vital por lo que respecta a situaciones, vocabulario, personajes; aunque también, por supuesto, de mis conocimientos y de toda la información que ahora tenemos, increíblemente a un ¡clic!
Sus textos suelen estar cargados de análisis y crítica social mediante la ironía, el sarcasmo y, en textos teatrales como Te pillé Caperucita, incluso del disparate absurdo. ¿Es el humor el mejor vehículo para hacer reflexionar y captar al lector-espectador infantil, juvenil y adulto?
El humor es uno de los mejores vehículos para hacer reflexionar a todo el mundo, de cualquier edad. Desde un punto de vista irónico, sarcástico, desde una visión amable o ácida, puedes reírte de ti mismo y de esta sociedad, muchas veces absurda, en que vivimos. Para mí es lo más fácil y lo que mejor me sale. Me encantaría escribir tragedias o novelas negrísimas, pero no sé si sabría hacerlo.
¿Considera que radios, prensa y televisión actualmente hacen buen uso del lenguaje?
Pues dada la cantidad de gazapos que los mismos medios de comunicación nos muestran de vez en cuando, en un ejercicio de autocrítica que les honra, no parece que hagan muy buen uso del lenguaje. Quizá en las facultades de periodismo se debería enseñar un poco más de lengua.
¿Transmiten conocimientos y valores hoy en día los medios de comunicación? ¿Cómo cree que tratan la cultura?
Claro que transmiten valores y conocimientos, otra cosa es que esos valores y conocimientos sean “valiosos” o interesantes desde el punto de vista humanístico, pero transmitir transmiten. La cultura, en una metáfora ya muy gastada, es la Cenicienta de los medios, solo hay que ver el espacio que ocupa en los telediarios respecto de los deportes por ejemplo. Eso por no compararla con los programas del corazón, claro.
En el año 2000 se atrevió con la poesía visual. ¿Continuará experimentando con este género?
Espero que sí, de hecho ya hace tiempo que tengo en mente una nueva exposición. Solo necesito un poco de tiempo, un colaborador gráfico y algo de dinero, o sea casi nada.
¿Se considera usted un polifacético de la palabra?
¡Uff!, me considero alguien a quien le encanta jugar con la lengua, con los dobles sentidos, con las frases hechas tomadas al pie de la letra, con la música de las palabras… alguien, en fin, que ama profundamente el lenguaje.
¿Es el arte el mejor recurso para reponer los valores sociales, en peligro en tiempos de crisis?
No sé si el mejor, pero desde luego es un buen medio para hablar de valores como la amistad, la solidaridad, la comprensión, el esfuerzo, la innovación, la alegría… valores que nos van a hacer falta para salir de este hoyo en el que estamos metidos.
Entrevista con los niños del CEIP Pare Català
Bea, Carla y Lydia, alumnas de 5º, periodistas de ¡A l’atac!, Periódico escolar del CEIP Pare Català de Benimaclet, Valencia, 2010¿Cuándo, cómo y por qué decidiste hacerte escritor?
Decidí ser escritor por una apuesta, un amigo me dijo que había un concurso literario en el que daban 100.000 pesetas (una barbaridad de dinero) por 10 páginas. Apostamos a ver quién era capaz de escribir un cuento para el concurso y gané yo (la apuesta, no el concurso) pero a mis amigos les gustó el cuento y me animaron a seguir. Eso fue el año 80 más o menos.
¿Cuál es el arte que más te gusta de todos?
La escritura, el cine y la pintura, por este orden.
¿De dónde te viene la afición de escribir libros? ¿De pequeño te gustaba escribir?
Descubrí que tenía una facilidad innata para contar historias de pequeño. Mira, en mi época los niños el domingo íbamos al cine y veíamos dos o tres películas; el lunes a la hora del recreo nos las contábamos y todos querían que contara yo porque yo contaba muy bien.
¿Eres muy famoso?
No, los escritores, salvo algunas celebridades como J. K. Rowling, en general no somos muy famosos, pero dentro del mundo de la Literatura Infantil y Juvenil en España, sí soy conocido.
¿Cuál es tu comida favorita?
Me gusta mucho comer y me gustan muchas cosas, pero especialmente las butifarras de cebolla.
¿Cuál es el lugar que más te gusta?
Me gusta mucho mi ciudad, Valencia, pero también Barcelona, Sevilla y ciudades más pequeñas como Cuenca o Salamanca. Del extranjero me gustan mucho París, Londres, Estambul y en general todas las ciudades italianas donde me gusta mucho ir y practicar mi italiano macarrónico.
¿Para qué editoriales has publicado libros?
Anaya, Bruño, Bromera, Tàndem, Bullent, La Galera, Toray, La Magrana, Edebé, Everest, Kalandraka, Faktoria K., San Pablo, Alfaguara, Voramar, Imaginarium, Baula… Y algunas que ya han desaparecido.
¿Cuál fue tu primer libro?
Las aventuras de Potaconill. Lo escribí en el año 81, así que contad si tiene años.
¿Los ilustradores de tus cuentos son amigos tuyos, los eliges tú?
En algunos casos sí, tengo muchos libros publicados con Paco Giménez, que es muy amigo mío y también con Carlos Ortín y Miguel Calatayud que también son amigos míos. Pero en otros casos no los conozco personalmente pero sí su obra y siempre me preocupo de consensuar, de ponerme de acuerdo con la editorial para elegir al ilustrador más adecuado para cada cuento.
¿Te han inspirado tus hijos en algún cuento?
Sí, escribí una serie pensando en ellos, la serie de los “¡NO QUIERO!” ¡No quiero ir a la escuela!, ¡No quiero comer!, ¡No quiero bañarme!, ¡No quiero ponerme esta ropa! y ¡No quiero ir a dormir!. También hay un cuento “El niño que apagó la luna” que está incluido en Cuentos para todo el año que fue un regalo de mi hijo Carles cuando era muy pequeño: subimos a la terraza para ver un eclipse y cuando vio la luna sopló, como si quisiera apagarla. Fue tan mágico que le hice un cuento.
Los cuentos, ¿cómo los escribes, a mano o en el ordenador?
Casi siempre la primera idea, que puede ser una línea, la escribo a mano. Y después ya la trabajo en el ordenador, que es una herramienta maravillosa, pero que por sí solo no hace nada, si tú no tienes ideas en la cabeza, el mejor ordenador del mundo no te escribirá nada.
De pequeño, ¿a qué juegos jugabas?
Yo no tenía casi juguetes, pero tenía todo el campo y la calle para jugar. Jugábamos al fútbol, a hacer cabañas (hicimos una vez con cestas de fruta que tenía 11 habitaciones y una entrada secreta) también jugábamos a hacer harca, que era una tontería, consistía en ir a tirarnos piedras con tiradores o a mano. Y cuando llovía jugábamos con los “Juegos reunidos Geyper”, una colección de juegos de mesa.
¿Quién es el mejor escritor para ti?
A mí el que más me gusta es Jorge Luis Borges, pero también me gusta mucho Pere Calders, Gabriel García Márquez, Paul Auster o Vicent Andrés Estellés, y de los que hacen Literatura Infantil y Juvenil mi preferido es Roald Dahl.
¿Eres feliz escribiendo?
¡Sí! Es muy emocionante, y cuando acabas un cuento que te traía de cabeza, más.