Inici / El autor.

El autor.

Carles Cano

Carles Cano nació el siglo pasado, en el 57. Dicen que la cosecha de Rioja de aquel año fue excepcional. Pero desgraciadamente Carles no es un vino, y por si fuera poco nació en València el año de la riuà y bajo un signo de agua: los peces.

Antes de contaros que escribo cuentos, dejad que os cuente otras cosas: he sido carpintero, tallista en madera, camarero, profesor de baile, locutor y guionista de radio y televisión. Sí, todo eso. La madera me enseñó que los materiales se moldean con paciencia y un buen cincel. El baile me enseñó que el cuerpo también cuenta historias. Y la barra de un bar, que la gente necesita que alguien les guarde un secreto mientras les sirves un café.

Todo eso —el cincelado, la rítmica, la escucha— acabó metiéndose en cómo trato las palabras: como objetos plásticos, sonoros y espaciales.

📚 Deberes, monjas y un padre que se fue demasiado pronto

Mi padre, Julián Cano, era un narrador nato. Nos encandilaba a mis hermanos y a mí con historias inventadas, cuentos tradicionales y esa frase que aún me persigue: «Con una flauta bajo el brazo y una pluma en el sombrero…». Pero a los ocho años se murió. Y se acabaron los cuentos.

Me metieron en un colegio de monjas. Severidad, disciplina, y lo peor: no había biblioteca infantil. Imaginaos a un crío hambriento de historias en un desierto de silencio. Mi solución fue devorar los libros de texto de lengua y literatura nada más caer en mis manos al empezar el curso. Sí, me leía los fragmentos de lectura antes que las normas ortográficas. Y muchos de esos fragmentos acababan en suspenso, truncados, como una broma cruel.

Hubo uno que me torturó doce años: «El paso del Yabebirí», de Horacio Quiroga. Lo leí en un libro de texto, quedó a medias, y no pude saber el final hasta que encontré el texto original siendo ya adulto. Doce años con esa espinita. Eso hace a un tipo lector, os lo aseguro.

También me salvó el cine dominical: dos películas seguidas en las que me enganchaba con la primera como en un cuento de nunca acabar. Y en el patio del cole, en el recreo, mis compañeros me pedían que les contara las películas de la semana. Así, sin querer, empecé a ser cuentacuentos antes de saber que existía la palabra.

🎲 Empecé a escribir por una apuesta (y perdí)

El año 1980. Un amigo y yo apostamos a ver quién era capaz de escribir diez páginas para presentarse a un concurso de cuentos. Gané la apuesta. El premio, no. Pero algo se encendió. Empecé a escribir en plena “edad de oro” de la Literatura Infantil y Juvenil en España, cuando autores de todas las geografías y culturas empezábamos a publicar en nuestras lenguas.

Con Aventuras de Potaconill quedé finalista del premio Enric Valor en 1981. Se publicó dos años después. Y desde entonces no he parado. He escrito cuentos, guiones para radio y televisión, cómics, teatro, aforismos, poesías… Me encanta contar historias en el formato que sea. A veces pierdo la apuesta contra mí mismo, pero cuando gano es tan fantástico que eso me anima a seguir jugando.

Soy licenciado en Filología Catalana y Valenciana, y ejercí cinco años como profesor en institutos de formación profesional. Luego me consolidé durante más de veinte años como profesor de Lengua y Literatura en la enseñanza secundaria. El aula me dio algo invaluable: saber cómo piensan, escuchan y se aburren los jóvenes. Y los límites de los modelos educativos tradicionales.

🎙️ La palabra hablada, mi territorio

No todo es escritura. Buena parte de mi vida va por la boca. He participado en festivales internacionales de narración oral y he contado en Guinea Ecuatorial, Francia, México, Argentina, Marruecos y el Reino Unido, además de por todo el Estado español.

La narración oral no fue un plan. Era una trampa que me preparaba para los encuentros con alumnos: si veía que una charla se hacía larga, sacaba un cuento como as en la manga. Al final los cuentos se comieron los encuentros. Y ahora la mitad de mi tiempo va a eso: a contar en voz alta, a hacer que las palabras vuelen antes de que se estrellen contra el papel.

He trabajado como locutor y guionista en Radio 9 y la Cadena SER, y en televisión en Canal 9 y TVE. He participado como conferenciante en diversos encuentros, mesas redondas, jornadas… de literatura infantil y juvenil, radio, televisión, teatro, poesía visual y literatura oral.

🎨 Poemas, bromas y otros artificios

Con el cambio de siglo descubrí la poesía visual y objetual. En el año 2000 monté una exposición con mis alumnos titulada «Poemas, bromas y otros artificios». En 2003 hice otra: «Cartas», con cartas de la baraja como hilo conductor. Y en 2005 impulsé el proyecto «Trueque», una exposición-intercambio con más de 60 poetas, ilustradores, pintores, titiriteros, escultores, dermatólogos y profesoras de inglés. Sí, dermatólogos. La poesía no entiende de fronteras profesionales.

🏆 Algunos premios que me han caído

  • 1994 – Premio Lazarillo por la obra de teatro ¡Te pillé Caperucita!
  • 1996 – Selección “White Raven” por la Biblioteca de la Juventud de Múnich
  • 2007 – Premio del Hospital Sant Joan de Déu con Per un botó
  • 2012 – Premio Carmesina por Set Blancaneus i un Nan
  • 2013 – Premio Samaruc

🔍 Lo que me queda

Todavía me encanta buscar y encontrar: espárragos, boletos, lugares, personas, historias, poemas visuales o retablos góticos. Me molesta la mezquindad, el meninfotismo y el trabajo mal hecho. Y todavía me sorprendo de muchas cosas.

Soy socio de la Associació d’Escriptors en Llengua Catalana.

«Cuando Carles relata una historia, ya sea de la tradición oral o de las escritas por él mismo, da la sensación de estar ante un niño reconcentrado en su juego de bataletas que, visualizando la representación de cada palabra, las va salpicando de onomatopeyas: ¡Tin! ¡Nyas! ¡Coca! ¡Pren! ¡Xas! ¡Boooommm!»

Esto no es todo, amigos. Seguimos apostando.