Sobre Siete blancanieves y un enano 1


Esto era una reina que tuvo siete hijas que mantenía ocultas del sol para conservarlas blancas como la nieve. A pesar de la descendencia numerosa, aunque necesitaban un príncipe heredero (la tradición manda). Pero los monarcas dormían en habitaciones separadas, y esto ponía de muy mal genio el rey. Primero, se subía por las paredes; después, por las lámparas y los candelabros; y, finalmente, se acostumbró a vivir en los árboles y en las nubes. Por ello, la reina se encargará en persona de urdir un plan y resolver el problema sucesorio.

El azar (“que siempre aparece cuando más se le necesita”) Quiso que la corriente del río dejara en la orilla real un enano de piel oscura. La reina adornó el hallazgo con un tono de leyenda y lo presentó como el digno futuro esposo de una de las hijas. El heredero, por fin. Parecía tenerlo todo controlado, pero no contaba con la terquedad del enano ni con una corte cansada de manipulaciones y de engaños.

La última obra de Carlos Cano, distinguida con los premios Carmesina y Samaruc, se sirve de la ironía y los juegos lingüísticos (“Te envia la Providencia”, “No, señora, trabaje por mi cuenta”) Para construir una novela infantil que hace un guiño a los lectores adultos. Un buen título para compartir en familia y reír juntos.

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(Joan Carles Girbés. "Un clásico« gamberro »", Levante-EMV, 29 de juny de 2013)


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